Museos públicos y privados en el siglo XXI

“El museo en el siglo XXI se compone de artistas, obras de arte y público.” Chris Dercon, director de la Tate Modern de Londres, analizó en su conferencia la esencia de los museos de hoy en día. “En el pasado”, prosigue, “los museos —las instituciones artísticas— tendían a ver el público como una carga, como un estorbo a la agradable calma de las exposiciones y las salas.” Esta concepción ha llegado a su fin. Ahora, museos de todos los niveles ofrecen un programa que engloba todas las partes interesadas.

La accesibilidad universal a los museos ha cambiado profundamente su naturaleza pública, y como resultado, éstos han dejado de ser exclusivos.

En la actualidad los museos son un nuevo medio de comunicación de masas, un espacio en que las personas se plantean preguntas que van más allá de las obras de arte en sí mismas. Estos espacios, tanto públicos como privados, ya no son un lugar en el que principalmente se exponen objetos; “más bien los objetos”, puntualiza Chris Dercon, “funcionan como herramientas (…) en un ritual histórico y cultural que permite la formación y autoformación del ciudadano”.

“En los museos públicos hacemos las cosas de manera diferente. No mejor, diferente.” Según Dercon, la principal diferencia entre un museo privado y uno público es que mientras el primero busca rentabilidad, el segundo se debe al público, a este nuevo tipo de público activo que acude a las salas buscando respuestas. Cuando una entidad recibe financiación por parte del Estado tiene tiempo en abundancia para trabajar las colecciones y con las colecciones. El museo privado, en cambio, requiere de una organización más compleja, ya que lo primero por lo que debe preocuparse es por la búsqueda de financiación.

Un museo, y en esto no difieren los privados de los públicos, debe plantearse en primer lugar a dónde quiere llegar. Para ello cabe tomar una serie de decisiones, incluso correr riesgos, con el fin de crecer y adaptar los espacios hasta conseguir los objetivos propuestos inicialmente. El punto de partida tiene que ver con los artistas y con el público, respondiendo a dos preguntas: ¿Qué tipo de arte se va a exponer? ¿A quién va dirigido? Si el museo privado se decanta por exponer un tipo de arte en concreto, dirigido a un público específico, posiblemente la cantidad de visitantes quede limitada. Si en cambio quiere ofrecerse un recorrido artístico más generalizado probablemente entrará al museo un mayor número de personas. Cuando un museo se decanta por recibir un público extenso está apostando por la diversidad y la rentabilidad.

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En ese caso, además, también puede decidir regular los precios y ser más asequible para sus visitantes. No obstante, hay ocasiones en que el valor de una colección es tal que incluso subiendo los precios el museo recibe un gran número de visitantes.

La accesibilidad universal a los museos ha cambiado profundamente su naturaleza pública, y como resultado, éstos han dejado de ser exclusivos. ¿Pero es eso un inconveniente en el siglo XXI? Los museos se tienen que reinventar a sí mismos, implementando modelos innovadores que, por un lado, les permitan seguir siendo fuentes fiables de información y, por otro, les alineen con los nuevos intereses del público.

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