Artistas, galeristas y coleccionistas, los vínculos inquebrantables de la cadena del arte

En la cadena del arte intervienen principalmente tres agentes: los artistas, los galeristas y los coleccionistas. Se necesitan unos a otros para ejercer su actividad, y los vínculos que establecen a menudo van mucho más allá de lo que es estrictamente el contacto profesional.

Los artistas hallan en las galerías el medio para poder crear y presentar su obra. El galerista actúa como puente entre éste y el coleccionista.  Es indispensable una relación fluida y de confianza entre artistas y galeristas, y más adelante, entre galeristas y coleccionistas para propiciar un contexto adecuado de creación y difusión.

Los diferentes intereses de las partes implicadas tienen que convivir para llegar a un punto de entendimiento. Antoni Miralda, artista galardonado con el Premio Arte y Mecenazgo en 2015, declara que los galeristas que han trabajado con él “han acabado siendo amigos; los coleccionistas, aún más”.  En algunas ocasiones, los artistas se posicionan muy claramente ante el que debe ser el rol de su obra dentro de una galería. Un caso emblemático y singular es el de Isidoro Valcárcel Medina, artista recientemente galardonado con el Premio Velázquez de Artes Plásticas y anteriormente Premio Arte y Mecenazgo en 2011, quien declara conceder por un lado el derecho absoluto de las galerías de pervivir a partir de la comercialización de las obras que exponen, pero insiste en que, “si se arriman a él, su obligación es advertirles de que va a luchar por que, durante su exposición, no se venda ni una sola”.

El galerista se sitúa en el centro de un flujo multidireccional de obras de arte, y sus decisiones afectan en gran medida la proyección de los artistas.

Cuando las galerías elaboran su programa trabajan conjuntamente con los artistas; también a la hora de preparar una exposición. A su vez, orientan a los coleccionistas cuando éstos acuden en busca de piezas para completar sus colecciones. Por tanto, el galerista se sitúa en el centro de un flujo multidireccional de obras de arte, y sus decisiones afectan en gran medida la proyección de los artistas. En palabras de Juana de Aizpuru, propietaria de la galería madrileña del mismo nombre, “el hecho de tener en mis manos las obras de todos aquellos artistas a los que represento, y no solamente sus obras, sino su futuro, es una responsabilidad fantástica. Me siento como una especie de madre con ellos”.  Otros galeristas, como Pedro Carreras e Ignacio Múgica, de CarrerasMugica, explican que la relación que se mantiene con los artistas es la misma que se mantiene con los coleccionistas: “es una relación muy personal, de amistad y muy directa”. Desde su galería de Bilbao, estos galeristas procuran llevar a sus artistas a todos los lugares en los que tienen que estar y con la mayor dignidad posible.

En la misma línea, cuando a Elvira González se le concedió el Premio Arte y Mecenazgo en 2013, manifestó que “la relación con un artista es fundamental”, pero “una galería sin buenos coleccionistas no se hace”.

Así pues, los artistas necesitan a los galeristas para dar a conocer su obra, y los coleccionistas buscan su orientación para adquirirla. Al final, el coleccionista actúa como mecenas porque permite que el artista viva de su obra.  

Josefina Blanco, fundadora de la Fundación Sorigué, explica que todas las piezas de su colección se compraron a través de galerías. “Es lo lógico, lo correcto y además es importante, porque en una galería ves todo el proceso de un artista”. Además, según Michael Findlay, director de Acquavella Galleries en Nueva York, muchas veces el hecho de establecer relaciones con galeristas de confianza permite el acceso a obras que no se encuentran en el mercado. Pero las galerías no son la única vía para adquirir arte que tienen los coleccionistas. Juan Antonio Pérez Simón, coleccionista y propietario de la Fundación JAPS, admite que ha negociado adquisiciones de obras de arte a través de galerías, artistas, operaciones privadas y en casas de subasta de todo el mundo. En el trato directo con los artistas, los coleccionistas buscan aprender sobre sus procesos creativos y su contexto para, de este modo, trabajar la capacidad de identificar las obras que mejor encajen con los criterios que estructuran sus colecciones.

En conclusión, los tres agentes principales que intervienen en la cadena del arte tienen un rol indispensable, y también complementario: no podrían existir los unos sin los otros. Así pues, su labor combinada enriquece el desarrollo de los procesos de creación y divulgación del arte.

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